La humedad capilar es una de las patologías más extendidas en el parque edificado anterior a la entrada en vigor de las normativas modernas de aislamiento e impermeabilización. Afecta de forma especialmente notable a los edificios construidos en las décadas de 1940 a 1980, cuando el diseño de las cimentaciones y los cerramientos verticales no contemplaba barreras anticapilar sistemáticas.

Su incidencia en España varía en función del clima de cada zona. Las regiones atlánticas —Galicia, Asturias, País Vasco— presentan una humedad relativa elevada y precipitaciones frecuentes que favorecen la saturación del terreno circundante, mientras que en el interior peninsular la alternancia entre períodos secos y lluviosos crea ciclos de humectación y desecación que aceleran el deterioro de los materiales.

Mecanismo de la ascensión capilar

La capilaridad es un fenómeno físico por el cual el agua asciende por tubos o canales de diámetro reducido en contra de la gravedad, impulsada por la tensión superficial y la adhesión entre el agua y las paredes del conducto. En los muros de fábrica, los poros y microfisuras del ladrillo y del mortero actúan como estos conductos capilares.

La altura máxima teórica de ascensión depende inversamente del diámetro del poro: cuanto más fino es el poro, mayor es la columna de agua que puede sostenerse. En condiciones ideales, la ascensión se estabiliza cuando la presión capilar ascendente se equilibra con el peso de la columna de agua. En la práctica, en un muro de fábrica porosa, los frentes de humedad pueden alcanzar alturas de entre 0,5 y 1,5 metros sobre el nivel del suelo, aunque en casos con suministro continuo de agua (nivel freático alto, filtraciones de red) se han registrado alturas superiores.

Condicionantes de la velocidad de ascensión

La velocidad a la que la humedad asciende y el equilibrio final alcanzado no dependen únicamente de la geometría del poro. Entre los factores más relevantes figuran:

Diagnóstico diferencial

No toda mancha de humedad en la parte baja de un muro corresponde a ascensión capilar. Antes de proponer cualquier intervención, es necesario establecer un diagnóstico diferencial que descarte otras fuentes:

Tipo de humedad Localización típica Distribución
Ascensión capilar Zona baja del muro, perimetral Mancha continua con borde superior irregular, eflorescencias
Filtración de cubierta Zona alta, especialmente bajo cornisas y encuentros Mancha que aparece tras lluvia intensa y remite al secar
Condensación superficial Puentes térmicos, esquinas, zonas sin calefactar Aparece en invierno, suele asociarse a moho negro
Rotura de instalación Variable, sigue la trayectoria de la tubería Aparición rápida, a veces con goteo visible

La medición del contenido de humedad en distintos puntos del muro (con higrómetro de sonda o método gravimétrico) y el análisis de sales presentes en los materiales extraídos son las herramientas diagnósticas más fiables para confirmar la ascensión capilar y cuantificar su extensión.

Métodos de tratamiento

No existe un método universal para la eliminación de la humedad capilar. La elección de la técnica adecuada depende del diagnóstico, del estado del muro, de las posibilidades de intervención en el entorno y del presupuesto disponible.

Inyección de resinas hidrofugantes

Consiste en introducir un producto líquido hidrofugante (generalmente silanos o siloxanos en solución acuosa) en el interior del muro mediante perforaciones practicadas a baja altura. Al fraguar, el producto forma una barrera horizontal que interrumpe el ascenso del agua por capilaridad. Para que la técnica sea eficaz, el muro debe presentar una humedad de ejecución dentro de los límites especificados por el fabricante del producto.

Electroósmosis activa

La electroósmosis activa aplica una diferencia de potencial eléctrico entre el suelo y el muro, invirtiendo el gradiente de tensión superficial del agua capilar. Aunque existen instalaciones en funcionamiento, la eficacia de este método está sujeta a debate técnico y depende en gran medida de las condiciones específicas del suelo y del muro.

Saneado y revestimiento transpirable

En casos donde la fuente de humedad no puede eliminarse —por ejemplo, en sótanos con nivel freático permanente— se recurre a la gestión de la humedad en lugar de a su eliminación. Los morteros de saneado (también llamados revocos de drenaje o morteros porosos) permiten que el vapor de agua migre hacia el interior sin acumular sales en la superficie, retrasando el deterioro del acabado.

Normativa de referencia

El CTE DB-HS1 (Protección frente a la humedad) establece las condiciones que deben cumplir los cerramientos en contacto con el terreno para limitar el riesgo de presencia de agua y humedad en el interior de los edificios y en los cerramientos que los delimitan.

Drenaje perimetral

Cuando la fuente principal de humedad es el terreno circundante saturado, la excavación perimetral con instalación de lámina drenante y tubo de drenaje puede reducir significativamente la presión de agua sobre la cimentación y el arranque del muro. Esta solución, cuando es técnicamente viable, actúa sobre la causa y no sobre el síntoma.

Consideraciones sobre edificios históricos

En edificios catalogados o con valor patrimonial, las intervenciones sobre la humedad capilar requieren una evaluación específica para garantizar la compatibilidad de los materiales empleados con los originales. La introducción de barreras impermeables en muros de fábrica histórica puede alterar el comportamiento higrotérmico del conjunto y derivar en daños secundarios. Los criterios de mínima intervención y reversibilidad recomendados por el Plan Nacional de Arquitectura Defensiva y las cartas internacionales de restauración (Carta de Cracovia, 2000) deben guiar la toma de decisiones en estos casos.